sábado, 19 de mayo de 2012

Kamchatka


Se encuentra indispuesto frente a su puerta
agáchose sobre aquella estampa de cabellos broncos
de sus enaguas brotaban exhuberantes mandrágoras
la propia visión de su concubina muerta
fútilmente su cristalino vislumbraba entre párpados
como si entre ellos descansara abrazados
sus dientes como luminarias, sus labios descansados
sollozaba él "mi todo, mi todo. . ."

Pero el regocijo de su consciencia se diluía en recodos, sólo en recodos
se alzó en el firmamento un severo estruendo
desgañitaban sus gritos, de la tierra revolviendo los mismos lodos
pues vetustos y anacrónicos tildó entonces sus sentimientos

Al crepúsculo se reflejaba cada cristalización de su alma
deslumbrando la maltrecha vista de sus ojos ya opacos
vagando entonces por la taiga socabándola de lado a lado
lazos dibujados por sus pasos arbitrarios, representación de su estigma
convencionalismos destrozados sobre el alféizar de la autodestrucción
párole un humilde de Kamchatka en un destartalado camión

Adiós, pobre aldeano, adiós

Yunques y Frenesíes


El joven imberbe y desgreñado tomó el atrio que gobernaba la calle saturada de sus semejantes, el cual fue ocupado mediante la irrupción y el brío, en detrimento de esos cuatro seniles y encorbatados tecnócratas. Entonces leyó hacia los suyos, exaltados en su delirio:


"Me vísteis danzando en un enardecido mayo parisino,
cabalgando corceles con magnolias en las manos hacia la Bastilla,
me observásteis en aquel bus de Montgomery hipar de desatino,
y derramar lágrimas en Tiananmen clavando mis rodillas,


Oteásteis mi plañir entre porras y uniformes fastuosos,
en primaveras checas y cruentos inviernos rusos,
entre Cardiff y Dublín lozanos fluyendo cuesta abajo,
animosos jugando a evadir metralla de los lacayos,


Reísteis con mi jugar de flores y rifles en Washington,
mis medrosos repeluznos en Guernica y Barbastro,
mas vosotros desalentados de mi grácil legado,
batalleásteis en mi nombre con piedras en Baltimore,


Deidad, dogma, justicia, moral y paz vosotros me nombráis,
mas aunque aquestos cuatro jinetes pugnen sesgar la libertad,
seguid viendo, riendo y oteando mi jolgorio y penuria,
porque al joven, puro y casto frenesí no lo desplomarán jamás."

miércoles, 9 de mayo de 2012

BISED

Breve inciso sobre el delirio


Un escritorio desbaratado de color cián, donde en ella reposan como cadáveres objetos triviales. Una lata de refresco magullada, púas de guitarra fracturadas en su meridiano, cables cual arterias que bailan un órgano que es este mi anárquico tablero de penurias, tan copada de vacua ciencia, logística y aparatos que me separan de mi materialidad más boyante, del efebo que reside en mí, de la vehemencia del vivir. Pero éste ocaso que me esquilma echó raíces y el ánimo de sentir la mendiga neblina traspasando cada glóbulo de mi ser me ha abandonado, por lo que soy su autómata, su títere y su maniquí.
Vivo en completa consonancia con las colillas escalando por mis tobillos, los libros amontonándose en fila india en las repisas, en diogénesis, desatendiendo el arcaico aullar de los perros de presa que pendonean allá afuera husmeando los recovecos de mi carne pútrida, de los que escucho sus pasos tras mi puerta esperando a que me abandone y corte esas raíces. Entre la espada y la pared pendulea mi ser en un eterno set de Tenis, ¿qué puedo hacer?, ¿qué esperan las bestias de mí?, ¿podré dar un trastazo sin más y seguir incólume?.
Recuerdo de manera fugaz los rostros de la calle, abundantes en arrugas, pesimismo. . . Y no las añoro mínimamente, la empatía colectiva fue arrojada al fuero de Baal y no quiero volver a verlos, sus risas, su perplejidad ante lo más nimio y primordial, el parlotear inerte, el dolor que me contagia con la prontitud del Ébola. No busco ser el mártir del deceso de vuestra consciencia porque esa voz vuestra que retumba mi espíritu como un reflejo de mi ser me caricaturiza y me ridiculiza. Mis recuerdos viven en el más extremo positivismo y os quieren barrer de la corteza terrestre como un huracán, y el día que volváis de las tierras lejanas a las que os lanzaron, imploraré a toda deidad que un rayo caído del cielo me fulmine hasta convertirme en polvo estelar. Ahora no busco nada salvo el vacío absoluto, quiero forrarme en linos y sábanas para que Morfeo me tome como rehén, lo más animoso de mis días toma forma cuando visito la alcoba y voy a abrazarla como si del último día se tratase.

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Despierto con la tibia luz de los horizontales surcos de mi persiana, esa luz de color azafrán que encoge hasta el extremo mis maltrechas pupilas curtidas por la negrura de mi habitación. Mis recuerdos esquivan los acontecimientos de ayer, cigarros postrados a la marquesina de la ventana, aullidos de pulgosos cuadrúpedos, horas postrado frente a un televisor que permanece negro como un blues de Chicago, las colillas removiéndose como si algo reptase hacia mí. . .y poco más. Permanezco no más de veinte segundos para reponerme y colocar mis sucias zapatillas hasta mis desnudos y delgados piés, entonces el azafrán del crepúsculo ha huido como si de una gacela en el Serengeti se tratase y la misma lobreguez del maltrecho televisor me inunda, danzando y ausentándose detrás de mí como una mujer solicitada.
Entonces alguien me llama fuera. Proviene del servicio por lo que deduzco que se trata de Manresh, ese hombre escuálido y de naturaleza cargante que vaga sin razón aparente mis aposentos. Horas de cháchara he compartido con el sin llegar en ninguno de los casos a axiomas concluyentes ni a nada con lo que sentar bases, pero un ser sumido en la áscesis y  con tal mentalidad de faquir que evoca en mí cierta conmisceración aunque en ocasiones su engreimiento y su complejo de docto cum laude hacen que tome pies en polvorosa en cuanto al sentimiento de lástima y vuelva a mi normal cauce de apatía ante todo prójimo que se aproxime.

El por qué ha llegado hasta aquí escapa a mi razón. Solo sé que el espíritu fustigado que se ha mostrado desde la génesis de la humanidad es una calumnia de proporciones épicas, el torturado vaga hasta hallar al de su misma condición, para plantar en su semejante una correlación de tolerancia y enemistad en dosis equivalentes, una especie de posición emocional de carácter ecléctico. Manresh es mi análogo y mi desemejante, llegó aqui y sé que existe, con eso me ha bastado para concebirle y no hacer que huya de mí. El más distante de los hombres conoce su condición de zoon politikon, el más abstracto e instintivo impulso que sienta la más lúcida de las personas le llevará a la aceptación de su índole, por eso él y yo nos soportamos de forma tan completa debido a nuestra autoadmisión y de forma tan catastrófica por las riendas de nuestro ser, conducido por el nihilismo y el impulso innegable de apartarnos de todo lo que nos comprometa en cualquier dimensión. Éste nexo es inexpugnable e incorruptible, por esta razón percibo su realidad, sea ella cual sea, la imagino como igualmente irreflexiva y absurda que la mía.
Tras unos breves resoplidos después de reponerme fugazmente del sueño feroz que me atrapaba, me abro paso entre la inmundicia que rige mi preciado cuartel, para alcanzar  con desidia el dorado pero polvoriento pomo de la puerta.
Fuera todo es pulcro, o al menos noto la clásica dejadez hospitalaria de cualquier hogar semiabandonado, el baúl que mi estirpe utilizaba para guardar las ropas estivales cuando la frialdad del tempus hibernum anclaba en estas tierras, el frío baldosar que mis cochambrosos pies  arrastran rumbo a la velada con mi incondicional camarada.
La ventana opaca entreabierta tocando con la brisa una apoteósica sonata, al fondo en el baño, la diáfana luz lunar que tan pocas veces he visto últimamente, sin duda, un escenario bucólico para una noche de parloteo turbardor.

Me aproximo a la filo de la entreabierta y polvorienta puerta con algo de inquietud, pero únicamente al empujarla levemente y dar dos tímidos pasos hacia el baño, me encuentro con él, con Manresh. Me sorprende su faz seria y su expresión severa. Quedo estático y atónito frente a él, en una pugna de tintes novelescos por ver quién suelta la primera palabra o expresa ánimo de mostrarse antes; pero de repente el silbar del viento amaina y el barbudo y enjuto Manresh empieza a variar su mueca de forma atrozmente gradual: Sus ojos se abren, sus arrugados párpados blanden como bayonetas sus pobladas cejas, por lo que su ceño se frunce dejando al descubierto los pliegues de su tez que llegan hasta su larga y desaseada cabellera, sus labios tiritan nerviosos como si un ente incorpóreo sujetase con fuerza su rostro, pasados un par de segundos su ambarina dentadura se muestra de forma escalofriante, dibujándose en su mandíbula una sonrisa por la que cualquier otra persona deduciría que lleva años sin regocijarse con mi presencia, pero ambos sabemos que no es como tal y eso me horripila de forma notoria.

En un efímero pulso temporal, vuelve a adoptar su gesto tan severo como locuaz y repentinamente azuza su barba y me mira con indulgencia:

- ¿Qué te trae ahora por aquí?.

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En la lejanía me rodean lomas de cumbres circuncisas, como en un ademán de abrazo espontáneo, circulando la brisa como si de sus antebrazos se tratase y ella corriese hacia mí. Esos senderos arcaicos asfaltados en periodos de entreguerras que circulan en el lecho del relieve cual varices de estas sutiles elevaciones fuesen, y dos ciclistas a cientos de metros de distancia las recorren rezumando esfuerzo y gran pesadumbre física.

Allá en una distancia de considerable millaje, camuflándose en la neblina creada por los tortazos de luz sobre las partículas de agua dispersas en el aire, se levantan las ilustres pantallas de hormigón y piedra, constituidas para soportar el envite de la metralla disparada en aquellos lejanos años, en pos del salvaguardamiento del transporte de víveres y armamento de la blindada costa sureña. Ya en el extremo meridional, la imponente mole de agua salada está separándome del territorio matriz de la humanidad. Aguas casi besando el arenal y germinadas por plataformas de criaderos de bivalvos, todo placado por nubes de tez blanquecina como si el mismo Mare Nostrum, sus resquicios gaseosos y la bóveda celeste, premeditadamente formados sean por sedimentos. Solo se deja ver el rastro curvilíneo de espuma que siembran las escasas lanchas que se ven paseando en pleno otoño.
Ésta humilde cartografía superficial concluye en la altiplanicie del Noreste, donde prospera cual vergel  periódicamente regado, la tornadizamente crecida y colorida ciudad, consumiendo mordisco a mordisco el terreno que me abraza, teñido aún del amarillento color trigal. Vislúmbranse cuan incordiante armatoste de materiales metalúrgicos los bloques con ventanas en las entreplantas, pareciéndose inequívocamente de forma bastante retórica a remotos recintos de presidio.

Todo ese sosiego es mutado por el zumbido imperecedero y perseverante de la urbe sus quehaceres y su industria; incluso ese chiflido materno me lanza incordios cual balines de metal en forma de automóviles recorriendo aquellas varices de los viejos brazos del oeste. La ciudad que me ha visto crecer con talante paulatino y cabizbajo, heredando de ella La Isla Verde más lo turbio que lo inmaculado: Su desenfreno, su exorbitante espontaneidad, su nihilismo, su apatía, su desorden, el hedonismo crónico. . . Una relación tormentosa me une a ella, como una concubina insulsa y vulgar a la que añoras más por cada kilómetro y minuto que te separa de ella. Urbe erigida sobre los cimientos anacrónicos del dogma del Magreb y restaurada con el calmoso pasar de eras por la mordaz tecnocracia y arquitecturas occidentales, las plazas, avenidas, bocacalles, mercados y edificaciones, todas ellas inanimadas y exánimes, desde aquí las atisbo. Testigo directo de tratados diplomáticos, cuna inexpugnable de virtuosismo musical, partícipe ocular de la Solónica y Matrem democracia  desmantelada por los monseñores de abyecto linaje, aquellos ascendientes del todo que me envuelve, enrevesados en sus togas.

viernes, 4 de mayo de 2012

Escribo desatinado bajo el Lorenzo,
buscando el pulso en la inconsciencia,
rodeado de extraños con pelajes hirsutos,
escudriñando lo que creo merecer y merezco.

Escribo con abuelos levitando,
colmado de olores de aquellos agros años,
con la esperanza del ser sesgada,
arañando en el todo y brotando la nada.

Pero solo quiero volar y ser huésped de parajes,
y los raíles carcomidos por trenes de todo linaje,
veos dormir en vuestros acomodados,
con los posavasos extendidos y el ser amado a vuestro lado.

Sin embargo os veo faltos del leif motif,
ermitaños y de saber estéril,
y si ese es el regocijo, bienvenido sea a mí,
la plétora de la doblez y mi pesar ufano
dichoso sea de mí poseerla y tener vuestro ignoro
mas ese cadencioso énfasis de sonreír.

Escribo porque no me queda otra,
desde las tardes contigo lanzando hogazas a las ocas.

Escribo por total desdicha y afortunado sea por no hacerlo
pues grande sería ese regocijo y esas penas fuesen pocas.

domingo, 25 de marzo de 2012

Rue Cambon

"Te escribo a ti, querida, puesto que llevo años errante en busca de algo intangible y especulativo. Esa sensación de vacío en mi tórax desde que me pisoteaste, esa cargante percepción de que al pulverizarme me engendraste, y que por ello vivo en un inconcluso titubeo, el no saber si añorarte o vilipendiarte, el desazón de superponer tu faz sobre el de las chabacanas jóvenes que parlotean en sombríos bares. Sanaste mis heridas y partiste cuando suturaban. ¿Cómo he de levantarme sin muletas?, ¿quién me enseñará a caminar de nuevo?. Puede que lo más irritante sea llorarte cuando ríes, evocarte cuando animosa de ti me postergas como una penumbra, un flash súbito que ha pasado como el tren de las 15:00, pero lo más desgarrador es escuchar la llamada de mis padres, sollozando desesperados por el adulterado ánima del vástago, degustando paulatinamente como lo van perdiendo, herido por los desgarros del delirio y transmutado en un recuerdo vago y doloroso. Estoy aquí por una pacto incompleto, el reencuentro del que hablamos diez años atrás."
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- Tienes un poco de nata en el bigote, - decía mirándome con la cabeza inclinada y guardando algo en su regazo - ¿Acaso comes con las orejas?.

No pude evitar levantarme ligeramente de la silla y curiosear para ver lo que escondía.

- ¿Qué tramas por ahí abajo?, llevas un rato inquieta.
- Toma ésto. -mientras sonríe y extiende su brazo, cruzando la mesa de la heladería hacia mi dirección, veo un papel de servilleta- . Sabes tan bien como yo cuán finito es esto, demos algo por sentado.
- París, Rue Cambon, 1993; 20:00. -leo en voz alta- .
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"Y permanezco aquí extraviado y enardecido, oteando por donde no pasas y dudando de lo axiomático de tu existencia, siendo tu Pigmalión y tu mi musa de marfil; inerte, ilusoria, abúlica, burlesca e hipotética. Te quiero."


Allen. París; 1993

jueves, 23 de febrero de 2012

Risa

Intercambiamos miradas cómplices. Goteaban sus lágrimas por esas fauces viperinas que tanto alivio le brindaron al creer que lo que hacía era leif motiv. Nada mas lejos puesto que busco comodidad y no la honra, ni tan siquiera ser diestro en mi cometido.

Pero ya estabas ahí postrada. Exánime, mutilada, quebrada, suplicante. Observaba tu mueca de orgullo y tu risa, descansando de ser tu misma.

lunes, 20 de febrero de 2012

Viajero

I

Despiértome entre aridez anegada de llanto
prepúberes del Zaire rasgando el laúd
mas eran las matriarcas acariciando los costillares
entonaban ellas epopeyas tribales, odas al espanto

Pues buitres oteaban el horizonte
la bóveda celeste cómplice de aquestos polizontes
y dicha apabullante improbabilidad de escapar
brindaba el final de aquel laúd rasgar

Tedioso desconcierto de mi alma brotaba
mientras del paupérrimo lodo los huesos daban a germinar
los llantos de los arcaicos ancestros creí atisbar
exigiendo su génesis a fuerza de meteoros y lava

II

Volviéndome a despertar con el pulso al galope
lo vi todo tan fútil, mi caminar tornándose torpe
olvidé ipso facto las penurias del Zaire
sentimiento engullido por el silbar de las balas en el aire

Distintos aires
almas calcadas
metralla impacta
vidas amontonadas
Fortines en lagos
escudos en un árbol
decadencia minada
guerra entre hermanos

Y allá en una zanja cual lantanas, siembran cuerpos sin dueño
posesiones y recuerdos como restos de ese árbol sea leño
esos generales regurgitando de sus cantimploras
mientras en el fuego cruzado un niño con harapos llora
volviéndose por un mecánico ruido aún el llorar sea empeño
pues el dichoso joven recién pertenece a la zanja de los cuerpos sin dueño.

martes, 14 de febrero de 2012

La Desdicha del Lozano

I


Errando el asfalto encuentro en mí
vereda inconmensurable de mi fatiga
aquesta libertad que el alma fustiga
mas no vuelo libre cuan colibrí

Al destierro del hogar me encuentro
quisiera caminar entre hayedos
pero este pútrido eterno asfalto
de ponzoña infecta mis adentros

Pugnas con el Creador sean causa
del exilio de mi propia casa
mas no concibo ello a día de hoy
que de mi locura culpable soy

Callejones que rezuman hediondez
miradas evasivas de la gente
opiáceos que llegan a mis manos
para creer que esa gente sale a correr

No es para que huyan de mí
sino quiero huir de ellos
hastiado en lo que me atañe
la vergüenza de mi cuerpo

Magullado por el retiro del asceta
desintegrado por la exasperante inanición
único consuelo el atisbar el gran Orión
siendo un murmullo del aullido que era

De la avidez, el légamo hecho mi hogar
de las paupérrimas dádivas, desaliento
por cada opio, arrancado el derecho a soñar
arrancado el don del Ser el hombre recto


II

He visto inmerso en el fuego el acabose de la indecencia
también al despuntar del día el conocimiento retorcerse esquilmado
lo subversivo en aforismo, lo humilde hecho petulancia
he visto a los árboles desgañitar de hastío, hasta la copa colmados
Inflación y oligarquía
oscurantismo y egoísmo
Megalomanía ,enfermedad y pasividad
la muerte de la aptitud presa del dadaísmo

El arte agónico un cúmulo efímero
lo lógico únicamente onírico
continencia ésta de nuestro mundo
solo de ánimas autómatas iracundos

III

Las noches pasan consecutivas
acopio de súplicas soy ahora
ruego miradas y reclamo misivas
una sombra que a vosotros implora
seré pasto del vilipendio
quizás motivo de jolgorio
mas ansío yo recordaros
que soy el mártir del menoscabo
el desertor del jornal
apático del estudio
no lo estimo calamidad
porque ya no las busco
anhelaba la áscesis
avivar mi letargo
pero no contemplo el cénit
sólo veo mi cuerpo enjuto
y germina de mi un sentimiento aciago
ojos que miran y pasan de largo
contemplan con un ademán de luto
porque el desconsuelo me colma
y el júbilo quiere abatir esa puerta
habito en esa dualidad de reclamos
ya avezado a la desdicha del lozano

IV

Sigo errando el ruín asfalto, huyendo
espantado de aquestas miradas esquivas
pero las persigo abyecto cuan sabueso
escapan aterradas en esas esquinas
ansiando como anacoreta sucio que soy
mi ínfimo e insustancial deceso

Y si sucumbiese a las dichosas miradas
y fuese el difunto de vuestro bramar

¿Miraríais pues al lozano que os reclamó?
alegoría misericordiosa sería
pero advierto lo erróneo de la percepción
de que ansiaba el espíritu del opulento
porque locura y desdicha son solo mías
y ellas de la inercia del Ser me salvarían

Ahora retorno a la morada
en súplica de oportunidad
deseo dar apego de verdad
dejar ella, mi alma libre volar
ver lo espléndido de los naranjos
el bufar cálido del gorrión
¡la felicidad por si ella cabe!
¡el placer de abrazar a mis padres!
¡el apagar todas esas miradas!
aquellas que en la calle me dicen
que el lozano ya no siente nada

miércoles, 4 de enero de 2012

Entre luces y sombras

Aquí en mi recóndito basamento de espaldas a los prójimos, dejo circular cada aspa de mi iris hacia el agujero negro, allí donde el marrón agoniza. Donde es concebido, donde araña atormentado cada hilacho de las entrañas, en busca de ese fulgor, esa pira incandescente que fue  difunta antes que la luz polar pudiese palparla con sus inertes dedos.

La luz que vacila frente al basamento, aquesta que danza el kamárinskaya etéreo de la perenne pugna con la sombra, esa antítesis de naturaleza palmaria las cuales vienen empujadas desde el devenir cósmico, desde el luengo beso entre las galaxias y desde el incesante abrazo entre estrellas mortecinas.

¿A qué se debe vuestra lid?, ¿Por qué abrazáis tanto lo que venero como lo que repudio?, ¿Por qué me abrazáis hipnotizándome en vuestro ballet?.

Quisiera acampar  en vuestra trinchera, ser y no ser vosotros, plantar escaleras para brincar entre vuestros universos. Zambullirme en la vastedad del nada que se precipita como cascadas entre la dualidad del alba y el ocaso. Ser la Artume y el Prometeo que plantase los brazos entre vuestros zarpazos.

Aquí en mi recóndito basamente no puedo sino llorar ante la levedad del todo y el nada. Como ellas van distando por la colina, como parecen besarse y golpearse a la vez, como son antagónicas  y anexas, como bailan bajo mis pies soportando la insoportable infinidad entre ellas.