sábado, 4 de junio de 2011

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Soy un arcoiris sucumbido en el subsuelo, un rayo de sol extinto en la ionosfera, un presente obsoleto en un gran almacén, una tierra fértil al borde de la inundación.
El propósito sin el fin, la desgana de la codicia, el placer de la repulsión, la envidia del deseo, la preocupación de la inopia, la sobreestima de la nimiedad.
Soy la explanada sin domingueros, la moneda podrida y sin níquel, el fruto perdido de los ojos de los hombres, la partitura sin la clave, un monumento soviético en la acería.
La genialidad de lo absurdo, una idea plasmada en el cemento de Varosha, una pintura arcaica cubierta en un mausoleo, la canción popular sin artífice, el cadáver emocional.

- Hacemos esto para conocernos. ¿Acaso veías otra meta?.

- El autoconocimiento es el opio de los seres inconclusos. Lo veo como una cuestión de fe.

- No podrías soportar la vida pensando que estás predestinado a cualquier acontecimiento, sin pautas, como una ácrata gobernada. No tiene sentido.

- Siempre llegas a un punto en que tu idiosincrasia no supone más que un punto de inflexión y a partir de ahí solo está el vacío, sin pautas porque simplemente no está en tu mano.

- Eso es cobardía teñida con un conformismo bastante irónico.

- El aceptar el total desconocimiento para no erosionar tu fe será uno de los mayores suplicios a los que tendrás que enfrentarte.

- A veces no sé si venerarte o compadecerme de ti.

- A partir de ahora hasta el mayor de los axiomas será falso.

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