lunes, 6 de junio de 2011

The Line

La ciudad de los junkies se torna de un tono grisáceo y lúgubre, asistiendo al velatorio del ocaso occidental.
Los ancestros Babilon y Mesopotamia lloran, los parientes Florencia y Viena ríen.
El adoctrinamiento del fracaso inducido, el panfleto manipulador Goebbeliano, el joven pisa la escuela, el joven ha muerto.
Ahí fuera proliferan los botellines y los excrementos caninos, hasta los lozanos ojerosos y mórbidos inhalan mierda e inmundicia a pleno pulmón y mientras tanto unos divorciados en Hamburgo se regodean chapoteando en una fosa séptica.
Asistimos al eterno y arcaico fenómeno de la decadencia y la senilidad precoz.
Hasta la más pura gota de lluvia se corrompió, y ahora rezuma hediondez, hasta el más inmaculado rayo otea reminiscencias de verde tóxico, mientras bajo las gotas ponzoñosas se congregan demacrados jóvenes buscando el tráfico transfronterizo para ahorrarse unas monedas.

La gente es extraña, andares excéntricos, miradas que evocan un extraño padecimiento, personas errantes sumidas en un deterioro crónico y a gran escala, autómatas de la existencia, la enfermedad se torna salud, el futuro se extinguió y se torna pasado, personas que quemarían prados por quince minutos de bar, personas que creen en no creer.
Los bloques están descorchados y de ellos cuelgan ropajes horteras y ordinarios, edificios que se encubren perfectamente con la incoloridad del cielo y el gris del suelo como si se tratase de una encrucijada prevista por la causa del desaliento y el desazón, esquinas meadas, raíces brotando entre losas roñosas, increatividad, vagueza, dejadez.
La fragancia autóctona es artificial e insalubre, la tierra mojada desapareció puesto que todo es cemento y asfalto, se huelen los automóviles y los petroleros, la ventilación de un almacén, el hachís proveniente de una casa semiruinosa y el olor de la sal del mar se disfrazó de tabaco seco.

No es un acto de soberbia, no es desprecio. Tras ésto se vislumbra un poso de angustia generalizada que es increíblemente contagiosa, vuestra esperanza es la inconsciencia, la deseada inconsciencia, desearía ser como ellos, desearía ver a dos jóvenes besándose, depositando raíces en el abono del abatimiento y que sea desdeñoso y nimio, desearía unirme a vuestro exilio, al exilio de vosotros mismos, desearía bucear en vuestro mar de frustración y no saber que todo va a acabarse.

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