domingo, 29 de mayo de 2011

Blind


No vislumbré la calidez que bullía en cada acto determinante como presuponías. No pudiste ver que arrojaría cada ápice de banalidad que brote en cada huella, pisada erróneamente.
No observé la aurora boreal prendida en cada sílaba, ni a Karenina junto a las vías. No viste el pánico que encarna mi cinismo, ni que el miedo está enquistado, congénito en la caja torácica.
No pude asumir lo que urgía, ni que la quimera pudo ser tan palpable como el mismo vientre de la Tierra. No comprendiste cual fue mi opio, ni que el reflejo de la luz en un cabello perdido en una marejada de lana era motivo de celebración.
No contemplé tu calvario, la bondad que desparramaba en cada poro. No asumiste que cada palmo de tierra que miro desde el cristal tintado debería ser caminado y brotado de besos y mofas.
No pude ver que arañarías las paredes, que montarías en cólera, los síntomas que conllevaba, porque de verdad suponía una certeza, que yo hacía quebradiza, que provocaba la fractura y lo hacía irreparable.
No pudiste observar la nebulosa y el viento que nos mecía. Fui incapaz de nombrarte como una entidad milagrosa venida de Avalon, exiliada al inframundo en el que yo sería tu farol.
Fuiste incapaz de comprender que seríamos bestias nómadas en busca de la inmundicia y la excelencia. No vi que una campiña canadiense seguirá siendo deshabitada y salvaje, que no será cálida, que no emanarán notas de  piano en una casucha de madera húmeda.
Y así quedaremos ciegos, sin estar preparados para que nuestras facciones y nuestras voces vuelvan a ser pasto del viento.

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