domingo, 11 de diciembre de 2011

Rockland


De un teñido plomizo tus pupilas advierto
el destello que enquistó la marabunta dichosa
ése fuego jadeado háyase implorando su vigor
de la opulencia osaste sus aciagas costras
me muestro como tu asceta de la cual sé mía
como asilo inexpugnable de lo que sé recusas
como guiñol persuadido sé de tu inconmovible osadía
me muestro como el mártir de tu anhelo de ser musa


Porque no temo ser testigo relegado de tu cénit
ni cuánto a ser rubor de tu persona
sólo la fé de que arribarás sola
y si troncharemos en el Hood de Portland
ser el légamo en el que sucumbas junto a las orlas
que entonces claudiquemos en la costa de Rockland
que tus lágrimas hayen en mí vereda sólida
y verte malograr para ser tu recurso final
aunque ser de tu camino una sola órbita
haya sido la aflicción que abrasaría de viva cal

Diría que francamente tu paciente indiferencia
a mi pesar sea la que millón de penas quita

No más, no más, repetía. Pero no. . .

No hay comentarios:

Publicar un comentario